Número de solicitudes de refugio en Brasil crece 2.000%, dice la ONU

El número actual de refugiados en el mundo ha superado el de desplazados en la segunda guerra mundial.

Rio de Janeiro, (EBC).- El número de solicitudes de refugio en Brasil subió más de 2.000% en cuatro años, pero la estructura del país para atender a la demanda prácticamente no ha cambiado, comentó el representante del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), Andrés Ramires. La observación se hizo durante el taller Trabajo y los Derechos de los Refugiados en Brasil, que se celebró en Río de Janeiro.

Durante el evento, que fue parte de la conmemoración por el Día Mundial del Refugiado, celebrado el 20 de junio, se realizó un pre-lanzamiento de la Cartilla del Trabajador Refugiado y Solicitante de Refugio, que se publicará en portugués, inglés y francés en los próximos meses.

“En 2010, [Brasil] recibió alrededor de 560 solicitudes [de refugio]. A finales de 2014, fueron 12 mil pedidos. Esta es una tendencia mundial, pero el porcentaje de crecimiento en Brasil es más grande que en todas las otras regiones del mundo”, afirmó Ramires, quien también señaló que el número actual de refugiados en el mundo ha superado el de desplazados en la segunda guerra mundial.

Según Ramires, el principal desafío de Brasil para atender a esa creciente demanda es aumentar la estructura del Comité Nacional para los Refugiados (Conare), que sigue siendo casi la misma desde su creación. “Esa estructura tiene que ser fortalecida para que logre atender al gran número de refugiados que están llegando.”

El Conare es un órgano colegiado integrado por representantes de los Ministerios de Justicia (que lo preside), de Relaciones Exteriores (que ejerce la vicepresidencia), de Trabajo y Empleo, de Salud, de Educación, por la Policía Federal, la ONG Cáritas Arquidiocesana (dedicada a ayudar a los refugiados en el país) y por el ACNUR, que tiene voz pero no voto.

El pronóstico del Conare es que el número de refugiados en Brasil alcance 17 mil este año. Los principales grupos, de acuerdo con el órgano, vienen desde Siria, Colombia, Angola y República Democrática del Congo. Hay también los inmigrantes que no son considerados refugiados, como los haitianos y sudamericanos.

De acuerdo con el Comité, en octubre de 2014 había 7.289 refugiados reconocidos en Brasil, de 81 nacionalidades diferentes, incluidos los refugiados reasentados.

Andrés Ramires elogió la legislación brasileña, que incluye a los refugiados en casi todas las políticas públicas, pero lamentó que, en la práctica, muchos tienen dificultades para acceder a los beneficios. Como un ejemplo de política de bienestar a la que los refugiados no tienen acceso y que les podría ser muy útil, Ramires menciona el beneficio que ofrece un salario mínimo mensual a los ancianos, de 65 años o más de edad, y a las personas con discapacidad.

La ley brasileña garantiza el registro formal de trabajo a los solicitantes de refugio en el país, pero los organismos y entidades que los representan afirman que la mayoría encuentra dificultades para conseguir empleo debido a la xenofobia, a las barreras del idioma o a las leyes mismas.

El congoleño Charlly Kongo, de 35 años, por ejemplo, llegó a Brasil hace siete años, huyendo de la guerra en el Congo. Aunque graduado en enfermería en su país, no pudo validar su diploma en Brasil y tardó dos años hasta que consiguió un trabajo de limpieza en un hotel. Kongo dijo que uno de los más grandes obstáculos a su adaptación fue el prejuicio.

“El prejuicio es grande, especialmente contra nosotros, los africanos, de piel negra. La gente piensa que somos narcotraficantes, ignorantes, incultos. Vivimos ese prejuicio a diario. Otro problema es aprender el idioma, porque yo nunca había hablado portugués antes”, dijo el congoleño, cuyas lenguas nativas son el francés y el lingala.

Según la legislación brasileña, un refugiado es una persona que huye de su país debido a persecución –por motivos de raza, religión, nacionalidad, grupo social u opinión política– o en casos en que se compruebe la condición de grave y generalizada violación de los derechos humanos.

La Convención de la ONU sobre los Refugiados, ratificada por 147 países, entre ellos Brasil, crea obligaciones para que los gobiernos permitan a estas personas un trabajo seguro y legal. Además, los refugiados tienen derecho a acceder a toda la red brasileña de servicios públicos, como el Sistema Nacional de Salud (SUS), uno de los sistemas de salud pública más grandes del mundo.

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